Harry Potter, el fenómeno literario mundial

Nadie puede negar hoy en día que los libros de Harry Potter, escritos por Joan Rowling, se han convertido en un avasallador fenómeno literario; y no sólo en el mundo de habla inglesa sino progresivamente en muchas otras lenguas, el llamado «fenómeno Harry Potter» ha ya traspasado los límites literarios: se han formado en torno al personaje clubes, sitios de discusión en internet, hay proyectos de filmes, etc. Hay también detrás de esto una gran empresa comercial.

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No puedo afirmar ni negar los méritos literarios de la obra, en cuanto no es mi competencia. En cambio, algunos aspectos de ella, que nada tienen que ver con la literatura, ponen serios interrogantes sobre el contenido de estas no tan inocentes novelas de aventuras.

El gran tema de fondo es la lucha entre el bien y el mal. El problema de fondo también se relaciona con esta lucha y más concretamente con los límites del bien y del mal dudosamente delineados por Rowlin. No es la lucha cristiana entre el bien y el mal sino la gnóstica (la misma que palpita en el maniqueísmo, en el esoterismo moderno y en general en todos los dualismos cósmicos).

La autora de Harry Potter presenta una moral rodeada de componentes misteriosos e iniciáticos; es decir, una moral propia de la New Age. La brujería y la magia son presentadas de manera positiva cuyo efecto menos nocivo es inducir una visión «tolerante» hacia estos peligrosos fenómenos; la más peligrosa es, evidentemente, inducir a los jóvenes a la positiva práctica del ocultismo.

Esto nadie lo puede negar; el personaje Harry Potter se mueve en un mundo mágico, en el que la magia domina y mueve la humanidad. Los «buenos» son brujos, hechiceros, magos, adivinos, y toda la caterva de variedades de la especie. Hay monstruos, fantasmas, zombies, hombres lobos, vampiros humanos, brujas que se transforman en gatos, etc. además de toda suerte de seres de la mitología clásica. Todos conviven entre los seres humanos con absoluta «preternaturalidad». Todos los que no son «muggles» (o sea, nosotros, especie inferior y desdeñable) tienen sus escobas para trasladarse, se comunican por medio de lechuzas-correos y obedecen a un Ministro de Magia, cuya función consiste en hacer que los «muggles» no adviertan la existencia de este mundo que coexiste entre ellos. Es más, algunos «muggles» pueden ser iniciados en la brujería, de la que adquirirán poderes diversos, fama, éxito y fortuna. Pasan a ser seres superiores. Por tanto, el aprendizaje de la magia es la formación más importante. Las aventuras de Harry Potter son precisamente los riesgos que acepta correr alguien que quiere ejercer la magia «para el bien». Pero ¿hay una magia buena y una mala? ¿Hay brujos buenos y brujos malos? Introducir estas nociones entre adultos y adolescentes es una perniciosa corrupción.

Evidentemente se trata de una creación literaria (o «subcreación», como dicen algunos). Pero, la esfera literaria ¿es absolutamente independiente de la moral real? Un escritor puede fantasear e inventar universos alegóricos e irreales, pero ¿sin límite alguno? Creo que el límite lo imponen precisamente los «valores morales» algunos de los cuales son necesariamente «absolutos». Este «puente» con la realidad no puede ser nunca cortado porque lo «bello» (la creación artística) no puede contradecir a lo «bueno». De lo contrario la belleza artística sería «inocente» aun cuando se haga vehículo del mal moral. Dicho clásicamente: el arte y la técnica son virtudes que para ser perfectas (y perfectivas del ser humano) deben estar guiadas por la prudencia (virtud propiamente moral).

Los efectos han sido lógicos: la Federación de Paganos del Reino Unido anunció que ha nombrado a un nuevo funcionario juvenil para atender a las miles de llamadas de jóvenes que han leído la saga de libros de Harry Potter, y desean averiguar más sobre magia y hechicería. Los libros de Harry Potter han desatado una corriente de interés por el paganismo entre los jóvenes. El mismo fenómeno se ha verificado en Alemania.

Un fenómeno nada desdeñable ligado con Harry Potter, particularmente en los EE.UU., es el renacimiento, de un modo desembozado, de la literatura mágica: hechizar es algo «cool» para los adolescentes. De ahí la edición de libros como «Hechizos para Brujos Adolescentes», descrito por su autor como «un libro de autoayuda para adolescentes». Ha salido también a la venta una obra escrita por un dirigente de la «Federación Pagana» llamado «Manual del Joven Hechicero». Los títulos son elocuentes.

Retomando su pregunta: ¿qué puedo decir de estos libros? Evidentemente no más de cuanto expresó con destacada elocuencia el profeta Isaías: ¡Malditos aquellos que llaman al mal bien y al bien mal, los que ponen la tiniebla como si fuera la luz y la luz como si fuera la tiniebla; los que dan amargo por dulce y dulce por amargo (Is 5,20).

Adaptado de: El teólogo responde (27/07/2017)

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Ciencia y Fe

Vídeo

¿Es cierto que la ciencia se opone a la fe? Es una idea que actualmente quieren hacernos creer pero, ¿de verdad es así? Nuestros amigos de Tekton Centro Televisivo nos lo explican en el siguiente vídeo. Tekton es una iniciativa que quiere contribuir a extender el mensaje del Evangelio en el mundo, pueden consultar su página aquí y también su canal en youtube.

La Confirmación

Vídeo

¿Sabes por qué los cristianos hacemos la confirmación? ¿Eres consciente del gran don que recibes cuando la haces? En ocasiones, este Sacramento pasa un tanto desapercibido en nuestra vida, pero si paramos a pensar un momento, y hacemos memoria, veremos como realmente el Espíritu Santo ha ido actuando cada vez más en nosotros. En esta ocasión te dejamos este vídeo para que puedas recordar el regalo que has recibido o que, si quieres, puedes recibir.

5 excusas para no confesarse (¡Respondidas!)

Muchas veces por temor, vergüenza o por influencias del mundo que nos dice que no necesitamos a Dios, dejamos pasar o tratamos de no darle importancia a un sacramento tan bello y lleno de misericordia como es el de la Reconciliación. Este sacramento nos abre las puertas a ser partícipes del banquete de la Eucaristía y revestirnos de la santidad y gracia que Dios nos regala.

Confesion

1- Yo me confieso directamente con Dios

Si esto es verdad, entonces vaya a confesarse. Pues este sacramento es la vía más segura para confesarse directamente con Dios. Si no está convencido, revise que entiende usted por directo e indirecto. A mí al menos, cuando quiero hablar directamente con alguien, no me basta solo con entablar un diálogo interior y espiritual. Me gusta ir a ver a la persona y conversar cara a cara. Soy más como esos griegos que le dicen a Felipe: “Señor, queremos ver a Jesús”. Hay un impulso, un deseo profundo e irresistible que me arrastra a buscar el contacto; a querer ver, escuchar, tocar. Dios sabe perfectamente cuánto necesitamos esta certeza concreta y física. Por eso el Logos se hizo carne y habitó entre nosotros. Por eso también instituyó los sacramentos, como mediaciones visibles, concretas, tangibles, encarnadas… para acceder a las gracias invisibles. Esto son los verdaderos diá-logos directos. Así es, es tiempo de revisar las definiciones.

2- No tengo por qué contarle mis pecados a otro, es un asunto privado

En este asunto San Juan es taxativo: «Si decimos que no pecamos, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros; pero si confesamos nuestros pecados, Dios nos perdonará. Él es fiel y justo para limpiarnos de toda maldad.» (1Jn1, 8-10) Además «Uno puede decir: yo me confieso sólo con Dios. Sí, tú puedes decir a Dios «perdóname», y decir tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia, a los hermanos, en la persona del sacerdote […]. También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote estas cosas, que tanto pesan a mi corazón. Y uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano. No tener miedo de la Confesión» (Papa Francisco, Audiencia General, 19 de febrero de 2014).

3- No he matado, no he robado, soy bueno

Aquí se aplica el “efecto socrático”. Me explico: Sócrates cuando recibió el oráculo en el templo de Delfos que lo proclamaba el hombre más sabio de Atenas, no lo podría creer. Él no podía ser más sabio que los hombres más cultos de su época (que bien conocía). Entonces se paseó por la polis tratando de desmentir el oráculo de la Pitonisa. Lo paradójico fue que al aceptar su ignorancia y los límites de su sabiduría comenzó a formular una serie de preguntas tan incisivas que acabaron por convertirlo en el más sabio entre sus pares. Salvando las distancias del caso, a los santos les pasa algo semejante. A ellos les parece tan increíble que la gente los considere santos, que van por el mundo desmintiendo los oráculos. Han percibido con tal sensibilidad el amor de Dios, que se experimentan siempre en falta. Pero mientras más confiesan su pecado y los límites de su amor, más se abren a la misericordia de Dios, y así irónicamente más confirman y afianzan su santidad. Por el contrario, quien se cree bueno sufre del “efecto farisaico”, y comete el pecado más terrible: la soberbia de sentirse justificado. Si usted sufre de este efecto preocúpese, porque es inversamente proporcional.

4- No me confieso con un pecador, él no puede perdonarme

Cuando el sacerdote dice “Yo te absuelvo” ocurre un gran milagro. Sucede lo mismo que cuando dice: “este es mi Cuerpo”. No es el Cuerpo del sacerdote. Sépalo usted, allí quien habla ya no es solo el sacerdote. Ese “Yo” que usted escucha es la voz del mismo Cristo. Sí, es una voz que viene desde lo más alto de los cielos y desde las profundidades del corazón. Qué no la engañen sus sentidos. Ese “Yo” le pertenece a Cristo. Es difícil de creer, pero es la pura verdad. A usted quien lo perdona es Cristo, cierto, a través del sacerdote.

5- Dios no me va a perdonar

Es cierto. Dios no lo va a poder perdonar si sigue creyendo que no lo va a perdonar. La misericordia de Dios llama con insistencia, pero jamás bota abajo la puerta. Pruebe usted mejor a cambiar de idea. Repita conmigo: “Dios sí que me va a perdonar. Dios quiere, puede y me va a perdonar. Dios es infinitamente misericordioso”. Es cierto. Dios ahora la va a perdonar, sin importar lo que haya hecho. Dios no se cansa de perdonarlo. Dios es siempre fiel y llama todo el tiempo a nuestra puerta. Somos nosotros los que por desconfianza, vergüenza, falsa autocompasión, etc. nos quedamos comiendo solos, encerrados en los pequeños y terribles rincones de nuestra pusilánime soledad.

 

Artículo original: 16 excusas para no confesarse (¡Respondidas!)

Daniel Prieto. Catholic-Link

El Gran Matemático

Estimados lectores, hoy os dejamos una reflexión que seguramente, quien haya tenido la oportunidad de estudiar unas mínimas matemáticas, habrá meditado en alguna ocasión. Y es que ciertamente puede resultar de enorme utilidad para darnos cuenta de la grandeza de Dios y la perfección de su obra en la creación.

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Corre por el mundo la errónea creencia que ciencia y religión son cosas contrapuestas cuando realmente tienen una relación complementaria o incluso sinérgica. Ambas constituyen las dos alas que permiten alzar el vuelo en la búsqueda del saber; porque al igual que sería un necio aquél que pensara que los pájaros vuelan por arte de magia, también lo sería uno que negara que la fe permite avanzar un paso más cuando la ciencia no puede dar explicación de algo. Hecha esta pequeña introducción, y dejando de lado el divague realizado, entremos ya en nuestro argumento.

En 1564, nacía en la Italiana ciudad de Pisa, uno de los personajes más ilustres de la historia de la ciencia, Galileo Galilei. Pese a algunas desavenencias con la Iglesia, que por cierto la historia ya se ha hecho cargo de amplificar sobremanera, fruto de la repercusión que iban a producir sus descubrimientos, Galileo nunca abandonó la fe; podemos tomar esto como un ejemplo de la buena ciencia, no soberbia, que sabe admitir que es limitada para ciertos aspectos. Se le atribuye una frase que va muy en la línea de nuestro razonamiento: “Las matemáticas son el lenguaje con el cual Dios ha escrito el Universo”.  Vemos que nuestra reflexión lleva siglos ocupando la mente de las personas, porque realmente las matemáticas son otro modo más de ver la perfección de la creación. Para ello pondremos algunos ejemplos, pero como éste artículo no pretende ser una lección de física, simplemente nombraremos las leyes, dejando a cuenta del lector curioso su investigación.

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Si miramos hacia el cielo, veremos el armónico movimiento de los planetas. Su movimiento elíptico en torno al Sol viene definido por tres sencillísimas reglas, válidas para todo el universo, las Leyes de Kepler, descubiertas por un contemporáneo de Galileo, Johannes Kepler.

Dicen que la caída de una manzana del árbol motivó el descubrimiento de la gravedad llevado por Isaac Newton en el siglo XVII. Éste enunciaría la Ley de la Gravitación Universal por la cual se explica la atracción de los cuerpos. Ésta complementa a las Leyes de Kepler en el plano de los movimientos de los planetas y los demás cuerpos celestes. Gracias a estas leyes, podemos calcular la posición exacta dentro de 58 años, 7 meses, y 16 días (por ejemplo) de uno de estos cuerpos. Un ejemplo claro es el conocido Cometa Halley, que sabemos que volverá a pasar por la Tierra el año 2061.

Si ahora desviamos nuestra atención hacia los seres vivos, mucho más complejos que una simple “bola de piedra” orbitando una estrella, podemos observar algunos hechos, muy curiosos, que están más presentes de lo que uno se pudiera pensar. ¿Conocen el número áureo φ? Seguramente algunos hayan oído hablar de él. Éste número, irracional, se obtiene fácilmente de la Sucesión de Fibonacci (la serie 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89…). Estos conceptos los encontramos en animales como el nautilus o los caracoles. El número de pétalos de las flores es siempre un número de la serie de Fibonacci, la disposición de las semillas en un girasol sigue el número áureo así como la disposición de las hojas en algunas plantas, que giran un ángulo φ  respecto a la anterior, y permite la mejor captación de la luz, sin hacerse sombra unas a otras, y así una gran cantidad de ejemplos. Hasta en el cuerpo humano podemos encontrar el número φ, por ejemplo, si dividimos el valor de nuestra altura entre la distancia del ombligo al suelo, obtenemos la relación áurea. Tan perfecto es éste número que hasta los antiguos griegos lo adoptaron como canon de belleza, aplicándolo tanto a las esculturas como a la arquitectura. (Pueden ver un interesante video sobre esto en el video “Nature by numbers” de Cristóbal Vila).

Desde luego estas no son las únicas relaciones que rigen nuestro mundo físico, sin embargo son las más llamativas. Y viendo estos ejemplos, ¿cómo podríamos atribuir la existencia de tal cosmos al mero azar? ¿No resulta evidente la acción de una inteligencia creadora? ¿Un magnífico ingeniero del Universo? Si bien sabemos que esto no es una demostración de la existencia de Dios, ya que eso no es posible con solo la ciencia experimental, es la huella que deja su mano.

Concluiremos nuestro artículo con otro insigne matemático alemán, Carl Friedrich Gauss: “Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a quien en todo nuestro quehacer solo hemos podido vislumbrar”.